Mucha gente piensa que una presa funciona como una gran pila: el agua se queda allí almacenada, cargada de energía, y una central hidroeléctrica la va soltando poco a poco. Es una imagen cómoda, pero engañosa. El agua embalsada no es combustible que se gaste. Lo que se aprovecha es su caída, y el agua que sale de la central es, en esencia, la misma que entró, con la misma composición y casi la misma cantidad. (Fuente: Ambientum)