Hay algo diferente en el cielo. No es fácil de precisar, no sale en los titulares, pero los físicos que estudian la atmósfera llevan años detectándolo: el cambio climático y las nubes están protagonizando una relación nueva, compleja y con consecuencias que apenas empezamos a comprender. Las nubes, esas masas de vapor que un niño dibuja como algodones blancos, no son simples decorados del paisaje. Son termostatos, espejos y mantas a la vez. Deciden cuánta luz solar llega hasta nosotros y cuánto calor escapa al espacio. Y están cambiando. (Fuente: Ambientum)