Imagina un océano donde los plásticos que flotan a la deriva no acaban acumulándose durante siglos, sino que desaparecen consumidos por criaturas invisibles. No es ciencia ficción: las bacterias que degradan plástico existen, y llevan más tiempo entre nosotros de lo que pensamos. La naturaleza, con su habitual capacidad de sorpresa, ha ido «entrenando» a algunos microorganismos para sobrevivir donde antes no había nada que comer. Ahora, los científicos quieren aprovechar ese talento evolutivo y llevarlo mucho más lejos. (Fuente: Ambientum)