A tan solo sesenta días del pitido inicial, las alarmas no suenan por lo deportivo, sino por lo ambiental. El Mundial de Fútbol de 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, se encamina a batir un récord sombrío: convertirse en el evento con mayor impacto ecológico de la historia. Pese a la magnitud de la tragedia climática que se avecina, ni los organismos internacionales ni las sedes locales han articulado medidas contundentes para mitigar sus efectos. (Fuente: Ambientum)