La guerra de Irán, y sobre todo el "estrechamiento" de Ormuz, ha vuelto a elevar por enésima vez (otra vez la geopolítica) el precio del gas, combustible fósil por el que apostaron hace unas décadas unas cuantas multinacionales que ahora buscan la puerta de salida al atolladero del metano. Y la puerta de salida (a sus infraestructuras, que corren el riesgo de acabar varadas) podría ser otro gas, el hidrógeno. (Fuente: Energías Renovables)