Las grandes ciudades enfrentan una crisis silenciosa de contaminación del aire, impulsada principalmente por las emisiones del transporte, que satura la atmósfera con óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono e hidrocarburos, junto a las peligrosas partículas PM2.5 y PM10. A este asedio se suma la actividad industrial, liberando dióxido de azufre y metales pesados, y la quema de combustibles en el sector energético. (Fuente: Ambientum)